El vino "peleón", podría llegar a matar a un alérgico a la avispa

Alergólogos vallisoletanos han demostrado que el veneno de los himenópteros se mantiene activo en el caldo, salvo que éste sea de crianza o de reserva. Han documentado ya reacciones alérgicas severas.

Si es alérgico al veneno de himenópteros como las avispas y las abejas, debería pensarse dos veces el tomar una copa de vino. Al menos, deténgase en la etiqueta para comprobar la añada antes de dar el primer sorbo. Si no lo hace, quizá luego tenga que lamentarlo. Alergólogos del Hospital ‘Río Hortega’ de Valladolid han demostrado que el veneno de estos insectos se puede colar accidentalmente en las bodegas y causar reacciones alérgicas a personas sensibilizadas. La buena noticia es que el riesgo también tiene caducidad. El veneno permanece activo en el mosto y los caldos más jóvenes, pero desaparece en los vinos de crianza y reserva. Vale en este caso el dicho de ‘si bueno, dos veces bueno’ (y mucho más saludable). Hace tres años, el mismo grupo de alergólogos, dirigidos por la doctora Alicia Armentia, publicó el primer caso de un varón que sufrió una reacción por el veneno de avispa después de beber vino y sin sufrir picadura alguna. Entonces se pensó que podría ser un hecho excepcional. Ahora, los alergólogos españoles han documentado otros cinco casos más. Todos desarrollaron síntomas alérgicos importantes (problemas respiratorios, enrojecimiento, sudor, picor...). Incluso, uno de ellos sufrió anafilaxia, una reacción alérgica que puede ser letal. Todos los casos se recogen en la revista ‘New England Journal of Medicine’.
La nueva investigación aclara algunas de las reacciones alérgicas inexplicables, relacionadas con el consumo de vino. Descartada la alergia a los sulfitos y a otros componentes habituales del vino, las avispas y abejas podrían tener la clave. El veneno de los insectos no se detectó en una sola bodega. Se encontró tanto en vino blanco, como en tino y en caldos de todas las comunidades autónomas. Sin excepción. También se halló en vinos californianos y franceses analizados «y probablemente se encuentre en cualquiera. Lo único que varía es la especie de himenóptero que contamina el vino», explicó Armentia. El asunto no es baladí. De hecho, todas las fuentes consultadas reconocen que evitar el acceso de avispas a las bodegas es una misión imposible, ya que los insectos llegan en los racimos de uva a las mismas y fallecen durante el proceso de despalillado y prensado, pero su veneno permanece activo hasta llegar a la botella.Y de ahí al consumidor final, con el grave peligro que ello entraña: Entre 5 y 25 personas fallecen cada año en España a causa de la picadura de los dichosos himenópteros.
N. Ramirez de Castro

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